Gabriela Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
@gabrielateasdale
La inseguridad es un sentimiento habitual. Todos lo hemos sentido en algún tramo de nuestras vidas, pero al tomar conciencia de qué lo produce y las circunstancias que rodean esos momentos, podemos ser capaces de controlarlo y superarlo.
La inseguridad va tomando forma cuando no somos conscientes de quiénes somos, de nuestras virtudes, habilidades, sentimientos, emociones, sueños, creencias. También de nuestras barreras, malos hábitos, pensamientos negativos y limitantes. A eso, podemos sumarle la presión que en la actualidad sentimos con las redes sociales, donde somos sometidos constantemente a la mirada y aprobación de los otros. Ahí es donde afloran los celos y las envidias, lo que muchas veces nos empuja a una batalla interior en la que creemos que debemos demostrar lo que valemos, generalmente a costa de sobrevalorar nuestra propia verdad.
Vamos poniéndonos una careta para aparentar lo que no somos y esto fomenta el egocentrismo, nos aleja de nuestra esencia y de esas ganas de disfrutar el simple hecho de estar vivos. La comparación constante hace que vivamos una carencia infinita, porque nunca vamos a cumplir del todo con las expectativas de los demás. Ni hace falta que lo hagamos. ¿Cuántas veces nos hemos tomado 10 selfies para luego postear la foto con el mejor ángulo y el paisaje perfecto, solo para resaltar lo bello y ocultar los defectos? Eso nos hace cada vez más dependientes de las apariencias y así, poco a poco, vamos metiendo debajo de la alfombra nuestro verdadero yo. Ese yo que puede tener las arrugas que nos regalan los años, algunos kilos de más que ganamos en las vacaciones, el pelo despeinado por el viento o la ropa informal que usamos mientras disfrutamos de un momento despreocupado. Vivimos con una lupa en la mano comparando imágenes y un metro en la otra porque tenemos la tendencia de medirnos, de medir nuestro valor. Eso es lo que hacemos al compararnos con otras personas y es entonces cuando nos sentimos inferiores.
Hace unos días me encontré con una persona a la que no veía hacía muchos años. En apenas 10 minutos, me contó sobre su nuevo trabajo y el interesante salario que recibe, el vehículo costoso que acababa de comprar y sus vacaciones en Grecia. Pero nunca me habló sobre cómo estaba su familia, si tenía algún proyecto nuevo o cómo le iba en la vida. Y al final, sentí mucha pena porque evidentemente estaba reflejando sus inseguridades, su vacío interior, su valor sobre lo enteramente material. Un ser humano seguro de sí mismo se enfoca en conectarse con los demás desde lo importante, habla desde el corazón, mira a los ojos, pregunta, escucha y no alardea de su éxito o belleza.
Te dejo a continuación algunas características que te pueden ayudar a reconocer aquello que debes transfor- mar, eso que no te hace bien y te impide vivir desde la autenticidad:
1. Siento celos del éxito de los otros
2. Vivo compartiendo mis logros en las redes
3. Hablo de mí mismo todo el tiempo
4. Trato de demostrar lo que valgo llenándome de etiquetas
5. Compito todo el tiempo por tener lo mejor
6. Me siento frustrado por mis circunstancias o limitaciones
7. Estoy pendiente de las redes 24/7
8. Hablo mal de los demás y los juzgo
Todos somos valiosos. Esforcémonos para reconocer que somos una obra maestra, creados de manera única y con un propósito. No seamos copias falsas, no seamos un artículo “mau”. Dejemos de ponernos filtros y disfrutemos de lo que verdaderamente somos. La vida nos quiere ver con el maquillaje corrido y despeinados de tanto reírnos sin importar el qué dirán. ¡Sé feliz contigo!