Ángelo Palacios
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Twitter: @angelopalacios
El inicio de problemas en el matrimonio no está relacionado necesariamente a la falta de dinero o al exceso del mismo. En ambos casos (en la abundancia o en la escasez), los problemas tienen su raíz cuando se inicia la pérdida de confianza y la pérdida de respeto. Una de las razones es la existencia de gastos no comentados al cónyuge, en particular si son importantes, o cuando se echa en cara uno u otros gastos realizados por uno de ellos.
Lo que destruye un matrimonio no es la falta o el exceso de dinero, sino la falta de unión en las decisiones. En una columna anterior, como primer paso a esta total unión de criterios había recomendado que, para empezar, cada pareja se asigne un monto acordado que sea de “uso reservado” sin tener que estar contando, naturalmente para eso hay que empezar por la confianza. Me refiero a gastos relacionados a la familia de origen o pequeños gustos que uno quiere darse sin tener que estar “pidiendo permiso”. Es parte de la libertad tan importante en los matrimonios.
Ampliando, en este sentido, el dinero es lo de menos. Generalmente, todo matrimonio se dio por afecto mutuo, atracción y amor. Claro que existen excepciones donde existieron intereses de por medio, pero en esta columna no estaremos hablando de los matrimonios realizados por conveniencia financiera. Tanto el sexo como el dinero son dos
de los temas más delicados de tratar en el ser humano porque tratan con la intimidad. Sí, el dinero es un tema también de intimidad, por eso existen en las instituciones nancieras los departamentos de “banca privada”, ejecutivos asignados especialmente, ambientes más privados y otros detalles. Repito, el dinero es un tema de intimidad y confianza, casi como el sexo.
Muchas familias van a la quiebra porque no tienen confianza de hablar primero entre ellos y luego normalmente existe vergüenza de pedir consejo por temor a que exista algún juicio de valor sobre sus formas de gastar o no gastar. Ocurre que las matemáticas no fallan y las diferencias de suma y resta aparecen y hay que hablar de todos los gastos e ingresos.
Así, en varios casos, los cónyuges terminan sin hablar con nadie y finalizan haciendo lo que mejor les parece, sin la debida información y formación. De esta manera, con más de dos décadas asesorando a familias en sus finanzas y también, por qué no decirlo, en el plano espiritual, me he encontrado que una de las cosas más difíciles de lograr, aunque suene extraño, es que una pareja tan solo pueda escribir el detalle de los gastos. Es todo un arte lograr que esto ocurra, requiere mucha confianza entre ellos y hacia el asesor.
Casi al igual que en el sexo, no siempre las parejas expresan al cien por ciento lo que sienten, a veces por no pasar vergüenza (hablo ahora del dinero), y van por la vida sin expresar o verbalizar sus necesidades, gustos, preocupaciones, preferencias.
Así, muchos matrimonios nunca han realmente tenido la confianza de contarse absolutamente todo en lo que respecta a los gastos que realmente tienen, y esto, aunque ya tengan años de vida íntima. Al acordar un monto discrecional -previo voto de confianza- para cada uno, se suele destrabar el proceso de escribir un presupuesto, se hace todo mucho más fácil y el diálogo fluye de forma impresionante. Así empiezan las mejoras en evitar gastar por encima de las reales posibilidades y viviendo por encima de su nivel real de vida económica