Gabriela Rojas Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay.
@gabyteasdale
Abrazar a un ser querido genera una conexión que trasciende el alma. Los buenos abrazos nos hacen bien a todos, de alguna manera nos sanan. Y creo que estamos en una época en la que estos abrazos deberían ser más valiosos. Hay muchos a quienes solo abrazamos desde el pensamiento y el corazón, cerrando los ojos e imaginando que esa conexión se está dando. Pero también están esos abrazos reales con las personas de nuestro entorno que no debemos dejar pasar.
Hace algunos días compartí un encuentro cargado de magia, con amigos a quienes conocí hace cerca de dos décadas. Intercambiamos risas, anécdotas, vivencias. Fue una mezcla de recuerdos y realidades. Personalmente disfruté estando ahí, presente cien por ciento, observando a cada persona a mi alrededor, charlando con todos. Por momentos recordaba cómo éramos cuando la vida nos juntó y también pensaba en cómo estamos hoy. Todos de alguna manera cambiamos, crecimos, tuvimos nuestros desafíos y también nuestras victorias. Y seguíamos ahí, compartiendo más momentos, apreciando ese regalo de la vida.
Estamos iniciando un nuevo año, y antes de levantar la mirada para avanzar hacia delante, sería bueno redescubrir y valorar todo lo que tenemos. Observar a los que están a nuestro lado, abrazarlos sintiendo que solo somos dueños de ese momento. Y a quienes no podemos abrazar por las circunstancias de la pandemia, abrazarlos con el alma, con el corazón. Es tiempo de recordar todo lo que logramos durante los últimos doce meses, comprender nuestras penas y pérdidas y, a partir de ahí, construir algo mejor para nosotros mismos. Es tiempo de celebrar todas nuestras bendiciones agradeciendo a Dios por tanto amor.
Es tiempo de notar nuestras transformaciones, de impresionarnos con todo lo que hemos crecido y madurado. Es tiempo de mirar a nuestros padres que van envejeciendo, para empezar a aprovechar más momentos con ellos. De observar a nuestros h os para reconocer el gran trabajo que hemos hecho. De valorar y respetar nuestro matrimonio. De mirar a otros desde nuestra propia espiritualidad. También es momento de limpiar la casa, y estoy hablando de nuestro mundo interior. Soltar todo aquello que nos pesó, que nos costó y dolió, perdonarnos y perdonar. Aprender de nuestros errores. Dejar ir lo que no nos sirve. Desapegarnos de lo que nos hace daño.
Es verdad que duele separarnos de personas, situaciones y pensamientos, pero si éstas no nos producen la paz interior que necesitamos, debemos hacerlo. Es momento de buscarnos a nosotros mismos, con nuestras luces y sombras, de aceptarnos y no bajar la guardia con nuestros sueños. Porque todo pasa muy rápido. Hagamos bien la tarea para no vivir con remordimientos, arrepentimientos y sin ganas de disfrutar lo más bello que tenemos, que es la vida.
Abracemos con esperanza a este nuevo año: planificando nuestra vida a nivel mental, físico y espiritual; viviendo alineados a nuestros valores; creando una rutina con propósito y orden; siendo intencionales en nuestro crecimiento personal y rodeándonos de personas que nos inspiren a ser mejor. Sin juicios, viviendo experiencias nuevas y amando a nuestros afectos sin reserva.
Que durante estos días podamos perdonar más, reír más, soñar más, dar más, abrazar más, agradecer más, amar más.
No nos cansemos de caminar y de vivir sabiamente. Abracemos la vida con el alma porque hoy tenemos una nueva oportunidad. ¡Salud 2022!