Por Ángelo Palacios
Twitter: @angelopalacios
La columna de hoy está inspirada en conversaciones que he tenido con dueños de pequeñas, medianas y grandes empresas. En el momento que alguien ocupa una posición relevante, del tipo que sea, inmediatamente llegan los pedidos de trabajo o préstamo, siendo la mayoría – naturalmente- de parientes, amigos, excompañeros y conocidos.
La gran tentación de emplear a este segmento de personas, viene por el lado de buscar gente de confianza lo cual es fundamental para iniciar cualquier nuevo desafío laboral, y en particular, si el ambiente es hostil o se tiene un 100% de aprobación, lo cual realmente nunca ocurre por la natural expectativa de otros candidatos.
Además del mundo empresarial, esto también aplica mucho en el mundo de la política, tanto en Paraguay, como también vimos recientemente en los EEUU.
Contratar o dar préstamos a parientes, amigos y conocidos es un arma de doble filo, porque para el trabajo se elige por confianza inicialmente. Pero nace con la dificultad futura de como despedir posteriormente en caso de desempeño por debajo de lo esperado.
Estos despidos tienen una alta carga emocional que lamentablemente trasciende los límites del trabajo y permean la vida de familia y pueden hacer daño a antiguas amistades. En breves palabras, para temas de trabajo, hay que aplicar la norma del otorgamiento de Visas de Trabajo en algunos países; estos dan Visas de trabajo solo si puede demostrarse que verdaderamente no existen otros candidatos que puedan cubrir la posición.
Algunas empresas multinacionales ya lo tienen claro y lo evitan directamente en sus Políticas de Capital Humano; en particular para la contratación de parientes, porque la parte de amistades y conocidos naturalmente no se puede reglamentar con precisión, ya que generalmente son cargos de confianza por relaciones o trabajos anteriores bien desempeñados.
Salvo honrosas excepciones- los parientes y amigos tienden a pensar que “ya son estables” y la tendencia a no esforzarse al máximo empresarios que he conocido, dada la cantidad alta de pedidos semanales que reciben, ya han procedido a crear un Fondo de Ayuda para ir regulando por la vía de apoyos puntuales estos pedidos y mentalizarse que esto ya es normalmente parte del “costo” de la posición.
Algunos me dijeron que de cada 100 llamadas que reciben, fácilmente el 30% es para pedidos de donativos y puestos de trabajo. La solución para muchos, repito, es: Asignar un presupuesto de ayuda mensual, administrado por ellos mismos o delegado en sus Departamentos de Responsabilidad Social Corporativa.
Consideran que: “Es mejor dar una ayuda financiera excepcional, que crear un puesto de trabajo innecesario o que puede crear conflictos”. Lo ideal es encaminarlo a otra empresa, de modo tal que el análisis tenga un poco más de rigurosidad, evitando toda la carga emocional de un vínculo afectivo muy cercano. “…Puedo ayudarte, pero prefiero no hacerlo ahora para conservar nuestra relación; déjame pensar quien o dónde podrían ayudarte...” y en paralelo, la ayuda temporal que pueda darse.
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