Por Gabriela Rojas Teasdale
Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay.
@gabyteasdale, www.liderazgo.com.py
Creo que la tecnología aportó mucho en nuestras vidas. Recuerdo cuando estudiaba en la universidad en Estados Unidos cómo sufría al estar tan limitada para comunicarme con mi familia en Asunción.
Ahora estamos a un clic de distancia de casi todos. Pero la tecnología también nos consume, nos distrae, nos desconecta. Con frecuencia vemos personas explosivas, con ansiedad o hipnotizadas por las redes sociales. Hay mucho ruido a nuestro alrededor y eso hasta nos lleva a actuar sin estar cien por ciento conscientes de lo que escuchamos, creemos, pensamos, decimos y hacemos.
Por eso creo que es importante que hagamos todo el tiempo el ejercicio de escuchar a los demás. A esas personas que son parte de nuestras vidas y que a menudo nos reclaman por estar ausentes: nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros colaboradores. Dejemos de verificar el celular todo el tiempo o de estar con la mente en otro lado y pongámonos a escuchar.
Escuchar es todo un arte. Es un proceso activo y poderoso que nos lleva a ser más empáticos y nos ayuda a tomar mejores decisiones. Disminuye la ansiedad, los prejuicios y es esencial en la resolución de conflictos, lo que nos conduce a resultados positivos en cualquier área de la vida.
Si intentamos escuchar activamente y con respeto, nos sorprenderemos al ver lo mucho que pueden mejorar las cosas. La mayoría de nuestros problemas interpersonales, en la familia y en el trabajo, provienen de no escuchar y no pensar antes de hablar. Decimos algo, herimos, atacamos, y en segundos tenemos una crisis de comunicación en nuestras manos que impide que las parejas, equipos de trabajo y organizaciones funcionen bien.
No importa si estamos hablando de fútbol o del nuevo invento tecnológico: el contenido es totalmente irrelevante. Lo importante es asumir conscientemente patrones de comportamiento que nos lleven a evitar conflictos durante una conversación. Realmente, depende de nosotros elegir cómo responder. Podemos optar por una práctica simple como pensar antes de hablar, escuchar con respeto, no tomarse todo a nivel personal. Y ante cualquier desacuerdo, antes de reaccionar, preguntarnos: “¿Vale la pena invertir mi energía en esto?”
Si nos proponemos convertirnos en mejores oyentes y somos intencionales con todo aquello que sirve y nos ayuda en ese proceso, definitivamente vamos a experimentar muchos beneficios.
Quiero compartir contigo algunas recomendaciones que nos pueden ayudar a todos a estar más alertas en el proceso de conectarnos efectivamente con los demás:
• Escuchar, escuchar y escuchar.
• No interrumpir.
• No terminar las oraciones de la otra persona.
• No decir: “Lo sabía”.
• No usar las palabras: “no”, “pero” y “sin embargo”.
• No distraerse. No dejes que tu atención se desvíe hacia otra parte mientras la otra persona está hablando.
• Conectarse aún más haciendo preguntas que demuestren que estás atento y quieres avanzar con la conversación.
• Eliminar cualquier esfuerzo por impresionar a la otra persona con opiniones, ironías o cosas por el estilo.
• Pensar que siempre se trata del otro.
Winston Churchill dijo que se necesita valor para ponerse de pie y hablar, pero también se necesita valor para sentarse y escuchar. Practiquemos el arte de hablar menos y escuchar más, levantemos la mirada y reconozcamos que la persona que tenemos enfrente verdaderamente importa.