Lic. Karina Hugo
Especialista en Educación, creadora de métodos y modelos pedagógicos de innovación, directora de Creta Consultoría Editorial
Más allá del Covid-19, la calidad educativa del Paraguay se encuentra en estado crítico. La aparición de la pandemia, ha llegado para que terminemos de tomar conciencia acerca de la urgente necesidad de realizar un giro de timón en cuanto a la forma en que hacemos educación en el país.
Tibiamente, en el 2018, todo el país recibía los alarmantes resultados de los informes PISA-D, (Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, por sus siglas en inglés). Dicho estudio tiene por objetivo medir el rendimiento académico de los alumnos en tres áreas específicas: matemáticas, ciencias y lectura. La idea es proporcionar datos comparables que posibiliten a los países mejorar sus políticas de educación y sus resultados.
La particularidad de este informe es que en el análisis no se evalúa al alumno en sí, sino al sistema en el que está siendo educado, por ello es considerado como un parámetro muy importante para medir la situación real de la educación de cada país.
En este nuevo escenario, en el que la pandemia ha arrojado al mundo, se hace necesario recordar los resultados que obtuvo el Paraguay en esta última evaluación estándar mundial, con el fin de comprender que los problemas existentes en cuanto a calidad educativa y aprendizaje de los estudiantes paraguayos, hace años, exigen soluciones profundas y sostenidas.
En el área de Matemáticas, Paraguay obtuvo una puntuación de 326, quedando por debajo de Honduras, Guatemala y Ecuador, superando solamente a Senegal, Zambia y Cambodia (en este caso, por un punto).
En el área de Lectura, la puntuación de nuestro país fue de 370, siendo superado por Honduras y Ecuador y logrando un resultado mayor en comparación a Cambodia, Guatemala (por un punto), Senegal y Zambia.
En el área de Ciencias, el puntaje fue de 358, superando a Cambodia, Senegal y Zambia, pero quedando por debajo de Ecuador, Guatemala y Honduras.
Ante este panorama desolador para la educación paraguaya, la pandemia ha profundizado el contexto de desigualdad entre la capital y las zonas metropolitanas y rurales. Pero el fondo del problema no se encuentra en si volvemos o no a clases presenciales, tampoco en disminuir la brecha digital dotando de dispositivos a docentes y estudiantes. El problema a encarar consiste en elaborar y aplicar propuestas para disminuir los índices de analfabetismo funcional en las esferas educativas y dotar a estudiantes y maestros de herramientas del conocimiento que nos saquen de los últimos lugares de comprensión, razonamiento y calculia.
Con el Covid-19, la solución planteada, basada principalmente en la utilización de recursos virtuales destinados a asegurar la continuidad educativa a distancia además de no ser compatible con la realidad socioeconómica del Paraguay, no ataca el verdadero problema educativo que consiste en una verdadera alfabetización, no sólo digital, dicho sea de paso imposible, por la carencia de dispositivos electrónicos y del internet, sino que para educar durante la pandemia y minimizar sus efectos debemos generar un plan que permita al Paraguay una política de educaciones de calidad, que elimine la desigualdad ya existente y que otorgue a las nuevas generaciones la oportunidad de ingresar al concierto de las naciones de manera competitiva, elevando los estándares de calidad para todos los docentes y estudiantes de nuestro país.