Por Marcelo Codas
En Twitter: @CodasMarcelo
En las familias, como en toda organización de personas, existen conflictos y ellos tienden a aumentar en el caso que existan empresas ya que la unión de ambas suele dar lugar a diferencias de opinión entre los integrantes de la familia.
Si sabemos que los conflictos pueden darse, lo deseable es que estemos preparados para canalizar los mismos y arribar a soluciones cuando ellos se presenten, para lo cual debemos prever estas situaciones.
A dicho efecto, la primera herramienta con la que contamos es la comunicación. Si la comunicación es ágil y fluida, es poco probable que surjan muchos conflictos y, en el caso que se den, será más fácil su tratamiento y las eventuales soluciones.
Ahora bien, en el caso que el conflicto ya esté instalado, debemos contar con una forma de abordar su tratamiento y solución y es aquí donde se debe tratar de evitar que los mismos se diriman en los Tribunales ya que la judicialización de los conflictos familiares tiene consecuencias muy negativas.
Imaginémonos el inicio de la judicialización del conflicto. Uno de los miembros de la familia recurre a un abogado, le explica la situación y, a partir de allí, el abogado construye el caso, luego, en algunas ocasiones, se realizan algunas diligencias previas, como por ejemplo una intimación y posteriormente se inicia el juicio.
El juicio se inicia con la presentación de la demanda. En el escrito pertinente el abogado, haciendo uso del léxico jurídico, utiliza una serie de términos de grueso calibre hacia la otra parte que es el padre, el hermano o el primo de quien contrato sus servicios. Y ahí se inicia la batalla.
Un tiempo después, llega al domicilio del demandado (que recordemos es un pariente) la notificación de la demanda, acompañada de lo que técnicamente se denominan como “copias para traslado”, que consiste en la copia del escrito de demanda y los documentos presentados con ella.
El padre, el hermano o el primo, destinatario de la notificación, recibe la misma y repuesto de la sorpresa, concurre a la oficina de un abogado con las copias para traslado, a darle su versión de los hechos y contratar sus servicios. A partir de aquí, el abogado procede a la elaboración del escrito de contestación de la demanda, con términos similares o inclusive de mayor calibre que los utilizados por el otro colega.
Luego, seguirán las pruebas, incluyendo amigos, parientes y colaboradores que irán al Juzgado a declarar en favor de uno y otro, aumentando más aún el nivel de conflictividad, formándose grupos en favor de uno y otro.
Al mismo, tiempo el proceso ingresa en el ritmo habitual de un caso judicial que tiene una importante demora en su gestión y finalización con una Sentencia que a su vez será recurrida por quien resulte perdidosa para ir así al Tribunal de Apelación y, tal vez terminar en la Corte Suprema de Justicia. Como se ve, pasará un tiempo importante y el conflicto seguirá instalado en la familia y tramitándose en Tribunales.
¿Qué hacer para evitar esta judicialización? En primer lugar, contar con procesos internos para el tratamiento y solución de las disputas que puedan darse entre los miembros de la familia, para lo cual es conveniente activar el Consejo de Familia para que sea éste el órgano encargado de la gestión de los conflictos.
En segundo lugar, acordar en algún documento que, bien puede ser el Protocolo Familiar, que en el caso de conflictos que puedan no ser resueltos entre las partes ni en el seno de la familia, los mismos serán sometidos a medios alternativos de resolución de disputas por medio de profesionales independientes, en el marco de procesos privados y confidenciales.