Jorge García Riart
Formación superior en políticas públicas educativas en la Universidad de Palermo y en la Universidad Católica de Argentina.
Una revista de renombre internacional acaba de publicar en portada una interesante gráfica que presenta el número 2020 cruzado por una marca roja, sintomático de la sensación que muchos y muchas tenemos con respecto a este ciclo que se acaba y queremos que se vaya pronto.
Se irá el año pero no se irán los problemas en educación y tampoco la pandemia. La proyección es que las cosas no mejorarán, ni vuelta a clases presenciales, ni superación de los indicadores de rendimiento educativo, ni más recursos para mejorar las condiciones de enseñanza, ni aumento para docentes.
Para colmo en el transcurso de este periodo, se dieron a conocer los resultados del Sistema Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE), correspondiente a 2019. De cada 10 estudiantes, 7 no lograron alcanzar el nivel mínimo satisfactorio de conocimientos de Matemáticas, Castellano y Guaraní.
Queda claro que son datos que tienen relación a pruebas realizadas en los últimos tres años antes del presente. Un líder gremial consideró que la situación socioeconómica de las familias y la escasa capacitación docente son factores influyentes en el rendimiento académico.
También, se reveló la baja ejecución presupuestaria por parte del MEC: solo el 46% de su presupuesto, del cual puede deducirse la escasa inversión en educación. Encima, utilizó la provisión fondos provenientes de fuente externa (FONACIDE) para distribuir canasta de alimentos a escuelas de Asunción y alrededores.
Como corolario, el Ministerio de Hacienda entregó al Congreso Nacional una propuesta de reducción del presupuesto en educación pública de alrededor de 540 mil millones de guaraníes. Obviamente, las actividades centrales del MEC, que son los distintos ciclos educativos, serán los más afectados.
El impacto de esta decisión obligada por la situación económica nacional actual es que 123 mil niños y niñas podrían quedar fuera del sistema público de educación porque sencillamente no habrá más recursos para sostenerlos. Cuando la tendencia es aumentar recursos económicos, en 2021 experimentaremos la propensión contraria.
En cuanto al personal docente, no se efectivizó el aumento de salarios conseguido el año anterior por los gremios debido a la Ley de Emergencia que congeló las partidas presupuestarias. La Comisión Bicameral tampoco incluyó para 2021 el aumento salarial reclamado por el MEC y los docentes.
Por el momento, la condición del personal docente es estable; las movilizaciones del estamento no son tan inquietantes. Pero cuando tengamos menos alumnos en aula (presencial o en línea), la estabilidad decaerá. De hecho, el modo de educación en línea, cuya proyección al año entrante es indiscutible, exigirá más talento humano y más capacitación.
Coincidirá conmigo sobre la inquietud de borrar del calendario este año. Pero 2021 no será mejor. En realidad, ningún próximo año será mejor, en cuanto a educación, si no asumimos de una vez por toda una transformación de nuestra política educativa que la coloque en niveles superiores deseados.