Por Andrés Agnello
Gerente Comercial de Ball Paraguay
En medio de esta crisis originada por la pandemia de la Covid-19, se visualiza una pequeña luz de esperanza para el medioambiente, que puede estar ante una posibilidad de revertir décadas de deterioro.
Aunque nadie desestima las visibles consecuencias positivas en esas variables, algunos expertos piden ser cautos: por ahora esto parece más simbólico que transformador y está provocado por un cambio obligado en el comportamiento social que no se cree sostenible.
Esta pandemia trajo consigo el inicio de una evolución significativa en el comportamiento, las creencias y actitudes de los consumidores. Este proceso acelerará una serie de cambios positivos orientada a la sostenibilidad. A medida que la gente salga de la crisis, se verá una mentalidad más considerada hacia el medioambiente con personas exigiendo involucramiento para ayudar a conservar el planeta.
La conciencia individual -y familiar- vuelve a ser primordial. Necesitamos seguir impulsando en nuestras casas los procesos de separación y reciclaje de residuos. En el medio de una pandemia que limita algunas decisiones, es fundamental pensar bien lo que adquirimos para no demorar el proceso de consumo inteligente que venía creciendo paso a paso en todo el mundo.
La elección de envases de bebidas y alimentos que no son de plástico puede ser un primer paso. Las latas de aluminio, por ejemplo, ofrecen varias ventajas en este contexto: son nanomateriales, infinitamente reciclables y su valor permite un reciclaje de bajo costo y alta eficiencia. Y, aunque suele asociarse a la lata con el estar afuera, también es práctico para el consumo en el hogar a partir de su practicidad, flexibilidad y tamaño a la hora de gestionar el residuo doméstico y el reciclado posterior (la lata de aluminio tiene índices de reciclado que llegan al 70% a nivel mundial).
Otro aspecto significativo en el largo plazo es el reciclaje, se cree que a nivel local existen cerca de 20.000 familias de recicladores y acopiadores, que serían aproximadamente unos 100.000 paraguayos que viven de esta actividad, que a su vez ayuda a preservar los recursos naturales, reducir la contaminación y se convierte en una alternativa de empleo.
Dos parientes cercanos del reciclaje, la reducción y la reutilización. En las casas particulares, la reducción se torna casi imposible a partir del mayor consumo doméstico, mientras que la reutilización suma algunos interrogantes higiénicos ante una pandemia de altísimo y fácil contagio. En la misma línea, sostener medidas de prevención en el proceso de recolección de reciclables es indudablemente complejo. El problema es que detener las actividades de reciclaje puede impactar negativamente en el trabajo de división de residuos, así como en la concientización y educación sobre el reciclado.
La necesidad de impactar positivamente en el medioambiente está más vigente que nunca con una nueva generación de consumidores, consientes y comprometidos. Por eso, las soluciones simples parecen ser el camino, aún en tiempos de coronavirus.